El dolor orofacial es uno de los problemas más frecuentes que vemos en las consultas dentales.

En los casos de dolor agudo y especialmente cuando el dolor emana de las estructuras dentarias, parodontales o de las mucosas orales y la lesión es evidente, el diagnóstico es relativamente fácil y el tratamiento local de la lesión suele resolver rápidamente el problema.

Menos gratificantes son los casos de dolores crónicos, en los que las causas no son nada claras y en las que muchas veces los tratamientos que empleamos no son efectivos.

En este último apartado se incluyen, quizás como más frecuentes, los dolores profundos musculoesqueléticos (que frecuentemente tienen efectos de excitación central, como dolores heterotópicos, efectos autónomos simpáticos o hiparalgesia secundaria); los puntos gatillo miofasciales y las artralgias de la ATM; y los dolores neuropáticos continuos, como los dolores por desaferenciación o los mantenidos simpáticamente.

Muchas veces, clasificamos a estos enfermos con dolor crónico orofacial de "neuróticos" o "difíciles" y delante de la evidencia de no poder resolverles el problema miramos de deshacernos de ellos de la manera que sea.

¿Porqué actuamos de esta manera con este tipo de paciente?

Las razones pueden ser muchas, pero, creo que hay una muy importante: los dentistas hemos olvidado que hacemos Medicina.

La mayoría de estos trastornos crónicos de dolor orofacial son de tipo médico y requieren un abordaje básicamente médico.

Para tratar estos casos necesitamos una formación en ciencias médicas básicas: patología médica, psiquiatría, farmacología, neurociencias, etc.; que muchas veces no disponemos.

Para tratar estos pacientes necesitamos una historia clínica específica, con una muy buena anamnesis, una exploración minuciosa y completa y unos exámenes complementarios adecuados que nos den los datos suficientes para hacer una orientación diagnóstica correcta.

El tratamiento del dolor crónico orofacial, muchas veces, por no decir casi siempre, requiere un enfoque multidisciplinario y necesitaremos la ayuda y la colaboración del fisioterapeuta, psiquiatra, diagnóstico por la imagen, cirujano maxilofacial, neurólogo, etc.

Un punto básico será explicarle esta circunstancia al paciente y hacerle ver que su problema no es simplemente dental u oral y que para curarlo se necesita una perspectiva médica y un tratamiento multidisciplinario.

Otra posible razón por la cual actuamos de esta manera delante de estos tipos de trastornos es que nuestros pacientes están acostumbrados a retribuir solamente nuestros trabajos de tipo físico o manual (empastes, puentes, extracciones, ortodoncia, etc.), pero no los de tipo mental o de razonamiento (historia clínica, orientación diagnóstica, plan de tratamiento).

Nosotros también nos acostumbramos a actuar de esta manera. Frecuentemente, si no les hacemos nada con nuestras manos, no lo cobramos.

A la larga, llegamos a pensar que los trabajos de tipo médico, como los antes mencionados, no son lucrativos y, quizás inconscientemente, los rechazamos.

Mientras continuemos pensando así no cambiará la manera de abordar los problemas de dolor crónico orofacial de nuestros pacientes.

Hemos de reivindicar nuestra formación médica y, en consecuencia, hemos de utilizar nuestros conocimientos no solo para trabajar con las manos, sino para pensar y razonar sobre los trastornos de nuestros pacientes.

Los casos de dolor orofacial crónico, que son básicamente un acto médico, han de estar igual o mejor retribuidos que cualquier trabajo puramente mecánico o manual.

Esta es la filosofía que hemos de transmitir, poco a poco, a nuestros pacientes, si queremos atenderlos de una manera profesional cuando nos consulten por problemas de dolor orofacial crónico.

   
   
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